jueves, 19 de enero de 2012

The Last Night

Autora: @AndreaDammit
ONE-SHOOT.

Nota de la autora: Bueno, esto es un one shoot, es decir, historia de un solo capítulo, pero en este caso es posible escribir una segunda parte, si os gusta, simplemente decidme que lo continúe y así será, se agradecen los comentarios. ¡Mil gracias! 

The Last Night

Dos horas, dos malditas horas desperdiciadas, mi pelo había decidido semejarse al de un león de la sabana africana. ¡HOY!
-¿Por qué hoy?-Vociferé metida en el cuarto de baño.
-¿Se puede saber que ocurre ahí dentro?-Preguntó Sarah, mi compañera de piso desde el otro lado de la puerta.
-No soy capaz de hacer unos estúpidos tirabuzones, mi vida ha terminado...
-Deja de dramatizar, idiota.-Entró en el baño y me quitó la plancha de las manos.-Siéntate y déjame a mi.

Quince escasos minutos después, mi pelo estaba perfecto, bueno, lo que se entiende por perfecto ya que se trataba de mi.
Fui a mi cuarto y me puse el vestido negro de volantes que se hallaba estirado en mi cama, para que no se arrugase.
-¡NO!-El mundo estaba contra mí, todo lo malo tenía que ocurrir hoy, lo sabía.
Espanté a Pompones de la cama, mi gato, había decidido echarse una siesta encima de mi vestido negro, que por cierto, ahora estaba lleno de pelos.
Sacudí bien el vestido antes de ponérmelo junto a las medias y lo que Sarah llamaba tacones, a mi más bien me parecían zancos únicamente creados para destruir los pies de las mujeres, o de quién se los pusiese.

Asombroso, por fin estaba lista, se me había hecho una tarde realmente interminable, cogí una sudadera y la metí en la pequeña mochila junto a mis converse y bajé al salón.

-¿Qué llevas ahí?-Preguntó Sarah intentando husmear en mi mochila.
-Ma..quillaje, si, maquillaje.-No podía permitir que mi amiga se enterase de que nada mas salir por esa puerta pensaba quitarme todos los trapos que me había puesto para reemplazarlos por una sudadera del tamaño XL y unas converse viejas que habían pasado más aventuras que Tintín y su perro.
-Oh, déjame ver qué has cogido.-De nuevo intentó rebuscar en mi mochila.
-¡No!-Vociferé
-¿Se puede saber por qué, Amanda?-Enarcó una ceja, a veces daba miedito.
-Porque...son...condones, si, uff... ya lo he dicho.-Los ojos de mi amiga no podían estar más abiertos, y mi cara en esos momentos parecía un tomate.

Afortunadamente, sonó el timbre, y me precipité a la puerta casi a la velocidad de la luz, abrí y simplemente la sonrisa de idiota apareció en mi cara al segundo de verle.
-Hola Ryan.-Sonreí
-Estas preciosa.- Se acercó y dejó caer sus labios sobre los míos, rápido y dulce-¿Vamos?

''¿Habéis visto eso? Parece un chico de película, awkasgfffkls, me lo fo'' 
Me sonrojé yo sola al ser consciente de mis estúpidos pensamientos salidorros propios de niña de quince años, pero claro, yo tenía veintiún años, estas cosas ya no solían ser normales.

Increíble era, el que después de casi dos años saliendo con Ryan, aun no me había acostumbrado a su forma de sonreír, su forma de mirarme. su risa, su voz, la capacidad que tenía de hacerme sonreír, el suave tacto de sus manos, sus raras posturas al dormir, todo.

-¿Qué vamos a hacer hoy?-Esbocé una pequeña sonrisa desde el asiento del copiloto.
-Vamos a mi casa.-Se mostró serio, y eso me asustó un poco.
-¿A tu casa? Vaya, si lo llego a saber venía cambiada directamente.-Musité mirando mis pies, que estaban siendo torturados por esos horribles zapatos.
-Siento no haber avisado, ha sido un cambio de planes un poco drástico.
-¿Ha ocurrido algo?-Comencé a inquietarme, Ryan no apartaba la vista de la carretera y al escuchar mi última pregunta simplemente se encogió de hombros.
-Nada de lo que debas preocuparte.

Desgraciadamente, o afortunadamente... como queráis verlo, conocía a Ryan casi mejor que a mi misma, así que si que me preocupé, y bastante.
Llegamos al apartamento de mi novio, cerró la puerta tras él y colgó su chaqueta en la percha de la entrada, yo mientras me senté en el sofá y me quité los tacones para sustituirlos por las converse al igual que después hice con el vestido y mi sudadera, vi a Ryan esbozar una pequeña sonrisa al verme y negar con la cabeza.

-¿Quieres algo de beber?-Me preguntó desde el otro lado de la barra de la cocina.
Era eso lo que me gustaba del apartamento de Ryan, era todo diáfano, excluyendo el baño y las dos habitaciones.
-Lo que sea.-Tanta formalidad me estaba poniendo nerviosa.

Las cosas van así: después de dos años de relación no llegas a su casa y le pides que te sirva bebida, creo que hay suficiente confianza como para levantarte tú misma e ir a buscar algo que te apetezca. De hecho, siempre había sido así, no se a qué venía todo este paripé.

''Por dios Amanda, relájate, te estas volviendo paranoica'' Me dije a mi misma.

Ryan se sentó a mi lado con una cerveza para él y un zumo de piña para mí, que era lo que normalmente tomaba. La casa quedó en completo sonido, el único ruido que se escuchó fue el que provocó la lata de cerveza al abrirse.

-¿Me puedes contar ya qué pasa? Tanta seriedad me está poniendo de los nervios.-Comencé, intentando parecer tranquila y calmada.
-Tenemos que hablar.- La frase, estaba diciendo la frase.
A veces podía ser un poco ridícula, lo admito, pero había visto suficientes películas y leído millones de libros como para saber que un ''Tenemos que hablar'' no trae nada bueno a una relación.
-Eso ya lo había deducido, sigue por favor.
-Verás Amy, las cosas están así...-Suspiró y llevó la mirada al techo a la vez que se pasaba la mano por el pelo, esperé, mi corazón iba a mil por hora.

''Que lo diga ya por dios''

-Me voy...-Al principio no lo entendí ¿a estas horas y de noche, a dónde? Luego mi cabecita de idiota lo pensó mejor.
-¿A-a dónde?-Ni siquiera reconocí mi propia voz, ¿era yo la que hablaba?
-Vuelvo a Los Ángeles Amanda, me voy de Nashville.-Su voz era dura, ni siquiera me miraba a los ojos.
-Pero...bueno, puedo ir contigo, no sé, yo... puedo cambiarme de universidad.
-No Amanda, tú te quedas aquí, con tu familia, tus amigos, y tu vida.

''Es una broma, tranquilízate, seguro que es una broma'' ¿Cuándo era el día de los inocentes? Tenía que ser una broma de mal gusto, había dependido tanto de Ryan estos años que se me hacía imposible imaginar una vida sin él.

Pero le miré dos veces más, y sus ojos me lo dijeron todo, aquello no se trataba de una broma, ni mucho menos, lo decía de verdad.

¡Maldita ingenua!
No debí de haber pensado nunca que él se quedaría conmigo, porque no soy nadie, no le importo a nadie, siempre ha sido a sí.
Esto se veía venir, claro, debí de haberlo pensado antes...

-Ni se te ocurra pensar que hago esto porque no te quiero, y deja de pensar estupideces, te conozco.-Agarró mi mano despacio, pero la aparté de golpe.-Amy...
-¡No, Amy no, olvídame, ya esta, esto iba a pasar de un momento a otro, fin!-Grité desesperada, definitivamente aquella chica no era yo.
-Por favor, no te lo tomes así, pero entiende que...
-Maldita sea Ryan, ahora mismo no quiero entender nada, déjame, llévame a casa.-Volví a gritar.
-¡Si no quieres entenderlo es que eres una maldita cría, madura!-Esta vez los gritos no venían de mi, sino de él.

Salí del apartamento con mi mochila colgada al hombro y bajé precipitadamente por la escaleras.
Tenía los ojos borrosos a causa de las lágrimas, que poco a poco iban cayendo por mis mejillas.
Ryan no tardó en bajar tras de mi en las escaleras, y me sujetó del brazo haciéndome girar bruscamente.
Me miró a los ojos y bajó la mirada, caminamos rápidamente hasta el coche, en silencio, y subimos, había comenzado a llover.

-Esto no tendría que haber pasado nunca, maldita sea...
-¿Qué no tendría que haber pasado Amanda? Dímelo.

Íbamos por una carretera secundaria camino a mi casa, yo lloraba, Ryan gritaba al borde de un estado de nervios y la lluvia golpeaba fuertemente la luna del coche.

-¿¡Quieres ir más rápido!?
-¡Tranquila, me perderás de vista en cuanto me vaya a California!

Aceleró bruscamente, con los parabrisas al máximo, no se veía nada, yo seguía llorando, cada vez más fuerte, y Ryan golpeaba el volante con los dedos mientras me gritaba que dejase de llorar.
Fue un visto y no visto.
El pitido de un coche.
Unos focos que venían de frente.
Un estruendo atormentador.
Oscuridad...

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